NUESTRA COMPAÑERA ANA ALONSO DEL PROYECTO GRAN SIMIO EN MOZAMBIQUE, AMENZADA Y HUMILLADA
Nuestra compañera Ana, del Proyecto Gran Simio en Mozambique, empresaria y que gestiona de manera sostenible un bosque, dando trabajo a numerosos trabajadores y trabajadoras, esta amenazada de muerte y las Autoridades Internacionales han cerrado los ojos y oídos ante esta criminal situación y acoso contra una mujer en ese país.
Ana Alonso ha denunciado en numerosas ocasiones las talas ilegales que se están produciendo en Mozambique y el desvío de dinero que debería ir a las necesidades del pueblo y que sin embargo toman otro rumbo desconocido. También ha denunciado el mal empleo del dinero de cooperación en proyectos que en nada tienen que ver en la ayuda a la población necesitada.
Ella con su dinero, además de gestionar sosteniblemente una concesión forestal, dar trabajo a hombres y mujeres con sueldos muy dignos, trabajando con seguridad para los trabajadores, ha construido DOS escuela para los niños pobres y necesitados, además de numerosos pozos de agua.
Tras el intenso acoso de más de un año contra ella y sus trabajadores, estos han seguido cobrando su sueldo aunque la concesión forestal estaba cerrada.
Ahora sus trabajadores están amenazados y la vida de esta valiente empresaria y gran ecologista, está en peligro.
No podemos permitir que por ser mujer, sus derechos estén violados y su voz no sea oída en las Naciones Unidas. ¿Vamos a esperar a que una bala acabe con su vida para actuar?
Difundir este mensaje a todos vuestros contactos. Estamos preparando más acciones.
Carta escrita por Ana a la ONU y extensible a toda la ciudadanía española, empresarios, autoridades y Organismos de la Unión Europea.
ONU MUJERES: CARTA ABIERTA A MICHELLE BACHELET
Estimada amiga:
Me llamo Ana Alonso, soy escritora y periodista de origen español, hoy empresaria residente en Mozambique donde promoví en 1995 la primera empresa concesionaria forestal fundada por una mujer , con el objetivo de realizar una producción responsable y luchar por el reparto justo de la riqueza procedente de los bosques de Africa Austral entre la población que los habita.
Después de nueve años de paciente espera y altísimos costes que asumí personalmente, el Gobierno de Mozambique aprobó en 2004 la solicitud de concesión forestal a favor de la empresa que fundé, Euromoz, que ya desde el primer momento fue asaltada por operadores oportunistas, poco interesados en buenas prácticas, operadores ilegales que son dominantes en el sector forestal de todos los países y han destruido en los últimos diez años los bosques nativos de África Austral, su flora y su fauna, provocando efectos dramáticos en todo el planeta.
Estos oportunistas que controlan la producción en el sector forestal en todo el mundo, no quieren buenas prácticas y mucho menos quieren a una mujer dirigiendo una gran concesión en el sector forestal del pais que sea. Por ello, solamente por ello nuestro bosque en Mozambique fue asaltado en 2007 y fueron derribados en él cuarenta mil árboles, obligándome a recurrir al Gabinete de Combate contra la Corrupción del Ministerio Público mozambicano, que procesó a una funcionaria del ministerio de agricultura de Mozambique después de investigar y demostrar su participación, apoyada por madereros ilegales, en el asalto a la concesión de la empresa que fundé, Euromoz.
Corría el año 2007 y a partir de aquel momento vivo permanentemente amenazada de muerte mientras la funcionaria procesada por el gabinete local de combate a la corrupción continúa en su puesto, facilitando la entrada de depredadores a nuestra concesión y facilitando la continuidad del asalto de madereros ilegales, generalmente de origen asiático, a los bosques nativos de este pais africano, hoy destrozados, lo que provoca, también, daños irreparables a nivel planetario por ser la destrucción de los bosques nativos el principal agente que envía a Europa nubes de calor provocando miseria y sequía , cuando no el deshielo de la Antartida que produce daños irreversibles en la corteza de la tierra por el aumento del caudal de los oceános y , por consecuencia, origina terremotos en áreas tan distantes como puedan ser Chile o Japón.
El trabajo forestal de mi empresa, Euromoz, se realiza con los habitantes del bosque, desmovilizados de guerra, que son socios de la empresa que fundé. Con el trabajo realizado entre todos , hemos conseguido ser autosuficientes, no hemos recurrido jamás a créditos ni hemos tenido ni tenemos deudas y además, producimos madera de forma responsable respetando el bosque y realizando un trabajo solidario de conservación y plantío, hemos construido dos escuelas y cinco pozos de agua, además de promover microempresas entre la población desfavorecida y hambrienta residente en el bosque, a la que proporcionamos gratuitamente la materia prima que necesitan.
En 2010 los trabajadores de Euromoz y yo denunciamos que el cánon que pagamos al Estado para la población hambrienta que reside en nuestra zona de producción, no llega a su destino.
En 2010 también comunicamos al Gobierno de Mozambique la catástrofe ecológica que se está produciendo en este país africano por causa de la tala ilegal y masiva de bosques nativos, de consecuencias letales para todo el planeta.
Inmediatamente, fui personalmente acusada por el Gobierno de Mozambique, mediante despacho escrito que conservo, de haber cortado un árbol en un cementerio y de no asistir a dos reuniones. Ambas alegaciones total, absoluta y demostrablemente falsas, sirvieron para, a falta de motivos reales, comunicarme la rescisión inmediata e irrevocable del contrato de concesión que el Estado firmó en 2004 por un período de 50 años con la empresa que fundé, obligándome a interponer un recurso contencioso contra el Gobierno de este país, recurso que por imperativo legal me ha permitido continuar en la concesión y como respuesta, sin cualquier base legal, el Gobierno de Mozambique nos prohibió, a los trabajadores que son 200 y a mi, el derecho al trabajo.
La pretensión no fue otra que apoderarse de la empresa sostenible y rentable que fundé, aprovecharse de la inversión ya realizada que es superior a tres millones de euros pues la conservación del bosque es costosa y no recuperé jamás, por ello, el capital invertido que se aplicó en proteger al bosque y a sus habitantes.
Aun en el caso de que fuera cierto, que no lo es, que yo, personalmente, hubiese cortado un árbol en un cementerio como afirman, utilizando máquinas que ni mi edad ni mi frágil anatomía me permitirían levantar, podrían haberme denunciado, lo que no hicieron por no existir la alegada infracción, pero no podrían , como hicieron, despojarnos de nuestra empresa, contrariando así la declaración universal de los derechos humanos y demostrando así que la seguridad jurídica, base esencial del funcionamiento democrático , es una utopía en Mozambique.
Durante casi dos años, privada del derecho al trabajo, he conseguido pagar integralmente, con el fondo de garantía existente en nuestra caja, los salarios y seguridad social de los 200 trabajadores de Euromoz, que me apoyan, contando también con 600 firmas a mi favor que los habitantes del bosque han enviado al Presidente del Gobierno de Mozambique, que nunca respondió.
He confirmado lo que significa ser empresaria y mujer en Africa. He realizado un trabajo heroico, he permanecido sola en la selva más tiempo que Ingrid Betancour en la guerrilla pero no cautiva, sino libre y enseñando a trabajar a los desmovilizados de guerra, transformando en trabajadores honrados a personas que han matado, he construido escuelas para sus hijos y he dado agua y asistencia a la población hambrienta apenas con el fruto de mi trabajo cuando , por el simple hecho de reclamar los derechos esenciales de la población nativa, de comunicar al gobierno de Mozambique una catastrofe ecológica de dimensiones planetarias y sobre todo por ser uma mujer, una simple mujer, sólo por esto me arrebatan nuestra empresa, me privan del derecho al trabajo y privan del derecho al trabajo a los desmovilizados de guerra que no quieren matar y han retribuido mi apoyo apoyándome durante más de quince años y, todavía, me obligan a costear los enormes valores que necesita para su conservación diaria un bosque de sesenta mil hectáreas prohibiéndome, a mi y a los trabajadores mozambicanos que me ayudaron a construir Euromoz, del derecho al trabajo, mientras el tribunal, atendiendo a presiones del gobierno y sin base legal para negarnos la razón, deja nuestro proceso, sumario y urgente, encerrado en un cajón mientras nos desangramos.
A esto hay que añadir las amenazas de muerte , el acoso constante, humillaciones y trato vejatorio que sufrimos además de la acusación de haber alterado la seguridad pública que nos imputa el gobierno de este país por haber comunicado agravios sociales y la destrucción de los recursos, con el último objetivo de apoderarse del bosque que hemos cuidado y conservado y de la empresa rentable y responsable que fundé y los habitantes del bosque me ayudaron a construir.
Acusar a una mujer de un delito o de alterar la seguridad publica y por consecuencia arrebatarle su empresa en vez de denunciar o enviar a la fuerza pública, cosa que no pudieron hacer porque ni hay delito ni indicio de delito sino un trabajo honorable y sacrificado por detrás, es inadmisible en Mozambique y en cualquier país del mundo.
Lo que apena es ver cómo una mujer, empresaria, no tiene voz, ni cuerpo ni presencia ni en Mozambique ni en ninguna parte.
El representante de la FAO en Mozambique no me recibe. La representante de ONU en Mozambique no me recibe. El embajador de la UE en Mozambique no me recibe, violando así acuerdos esenciales que establece el Tratado de Lisboa. Me quieren transformar en una apestada por haber fundado una empresa responsable y defenderla, en un sector , el forestal, asolado mundialmente por malas prácticas.
Contacté con ONU Mujeres hace meses y no he recibido ninguna respuesta, lo que también me apena especialmente como española pues mi país de origen contribuyó, al menos, con el 50 por ciento del presupuesto para que ONU Mujeres pudiera trabajar.
Esta es mi historia. Hoy puedo contarla. Permanentemente amenazada, no sé si mañana podré hacerlo.
No necesito ayuda financiera pues creo, como creen los trabajadores y la comunidad sumida en la pobreza que me apoya, que tenemos que pasar de la limosna a la producción para ser libres.
Necesito apoyo institucional, para que se aclaren por el procedimento oportuno y sobre el terreno, las calumnias, el acoso constante, las humillaciones y el trato vejatorio que los trabajadores, la comunidad afectada por la pobreza y yo misma estamos sufriendo, agobiados y excluídos por quienes pretenden destruir para beneficio propio el bosque que hemos conservado.
Necesito apoyo para mi y para los 200 trabajadores residentes en el bosque afectados por extrema pobreza a los que estoy ayudando y a los que el Gobierno, como a mi misma, ha negado el derecho constitucional al trabajo y pido apoyo, también, para la comunidad residente en nuestro bosque,más de 4.000 personas a las que sus propios representantes han hurtado el valor de las licencias, más de cien mil euros pagados por Euromoz al Gobierno de Mozambique con destino para estas comunidades, que nada han recibido salvo las escuelas y el agua que personalmente financié para mejorar su situación crítica.
Lo que pido hoy, no sé si podré pedirlo mañana pues las amenazas contra mi integridad física son preocupantes.
Lo que pido es simple: POR FAVOR, APOYO!
Ana Alonso/ Euromoz Madeira Amiga/ Presidente
Avenida FPLM 531 / Beira/ Sofala/ Mozambique
Telefono 258 82 391 0 747








